Solía escribir mucho. El período en el cual lo disfruté más fueron esas semanas antes del verano, poco antes de mi cumpleaños. Escribía tanto que podía confiar en que en ello se me fuera la vida, pero "la vida" de aquel entonces se me fue en ser feliz.
Tiempo después quise recobrar el impulso, pero, hasta la fecha, no se me ha dado. Sería, en aquel tiempo, el ánimo y el entusiasmo en ver tanto, en abrir tanto los ojos para encontrar imágenes que me inundaran, en aprovechar momentos que iluminaran mi vista y mis escritos el único escape para no segregar todas esas tardes caminando o esas noches en el techo de mi casa...
Y es ahora, cuando no sé hacia donde correr, que me siento de nuevo y peleo contra mis uñas presionando las teclas equivocadas, y contra mis ideas atoradas en mi sucia cabeza... Porque sé que es una buena terapia, porque sé que lo disfruto y porque me dieron ganas de hacerlo.
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